Elqui Opinión

La política pierde soberanía sobre la producción y distribución de la información

Por: Cristián Sáez Cáriz, Licenciado en Sociología U. de Chile; Magister en Gerencia y Políticas Públicas UAI

 La nueva política ha perdido terreno en la producción de contenidos especialmente en internet con la irrupción de algoritmos y la fuerte presencia de la juventud millenium en las redes sociales.

 Por lo tanto, esta pérdida ha hecho que esta noble actividad actúe en el corto plazo , pierda aliento y se quede en titulares con escasa profundidad en cada uno de los análisis.

 La pregunta entonces  que cabe realizar es  ¿ Debe la política adaptarse o disputar este espacio de poder con perseverancia ?. Ante este dilema, creo que debe adaptarse. El cambio en la era digital es más veloz y complejo de lo que se cree.

 Porque la era digital exije una transparencia que va más allá de la participación y de la libertad de la información. Empieza a crear un nuevo ser con características distintas a la coherencia entre pensar, decir y hacer. Es un ser ruidoso, veloz, contestatario, inconforme y que opina de todo y con todos. En cierta medida la era digital destruye el silencio y se produce una crisis de espíritu.

 Nuestra vida se experimenta así.

 El smarthphone ha tomado nuestros momentos hasta íntimos con mensajes de voz, texto o wahtsapp que interrumpen nuestra natural convivencia. Se leen diarios digitalmente, se observan los goles de nuestros jugadores favoritos y termina copando todos nuestros espacios.  Pero hay una faceta que es más importante. Borra todos nuestros momentos de negatividad creando un narcisismo imaginario.

 Este narcicismo produce identidades digitales que no siempre son consistentes con su autor, generando una desconfianza y la pregunta es ¿ Importa más la identidad digital o la identidad personal ?. Esta pregunta es la que debe realizar el actor político. Porque esta identidad es la viralizada y más conocida. Imagínense, Trump comunicó el nombramiento de su secretario de Estado por Twitter.

 Otro aspecto preocupante que se debe abordar, es que la era digital descomplejiza la realidad, genera comunidades de información afines, eliminas a quienes te critican y reduces la posibilidad de exponerte a experiencias de este tipo. Se pierde una valiosa posibilidad de crecer.

 Y finalmente, tenemos una forma de comunicación a través de pantallas digitales con la presencia del otro (Skype  o Factime por ejemplo), pero no podemos capturar ¨su mirada¨. Esta mirada es la que hace la diferencia en la existencia. Una sutil pero gran diferencia, como es rescatar los semblantes y expresiones del otro. Y va perdiendo en autenticidad.

 Pues bien, la nueva política debe producir contenidos digitales, crear una identidad coherente, desarrollar experiencias con soportes multimediales, desarrollar ideas atractivas,  reconocer errores y plantear imágenes con una ¨mirada honesta¨. Esta mirada es la que debe proyectar tu ser más íntimo y nunca renunciar a el. Los ciudadanos siempre se dan cuenta cuando se les miente.

 

 

 

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