Economía

Vendimia: familia Cortés Caroca lleva casi cien años escribiendo la historia del pisco en el Valle del Elqui

El equipo de Aquí Coquimbo de El Mostrador.cl llegó hasta su hogar y tierras donde está en plena vendimia, un proceso que Eduardo Cortés Caroca define sin rodeos como «complicado y difícil, pero amado«.

El sol del Valle del Elqui cae con fuerza sobre el kilómetro 73 de la Ruta 41. Allí, en el sector de La Campana, Eduardo Cortés Caroca, cirujano dentista de profesión, pero agricultor de alma, recorre sus 3,5 hectáreas de vid.

Este año, la naturaleza ha puesto a prueba la fe de los productores, señala Cortés: Hemos bajado cerca de un 20% la producción«, mientras observa sus cientos de racimos.

El cooperado explica que los factores son múltiples: la escasez hídrica que no da tregua, los cambios climáticos que alteran la brotación y una creciente dificultad para encontrar mano de obra que quiera «ensuciarse la cara» mirando hacia el perrón para cosechar. Sin embargo, para un hombre cuya historia familiar se remonta al siglo XVIII en este rubro, rendirse no es una opción.

Un legado de casi cien años

Eduardo no es cualquier cooperado. Es el bisnieto de Alberto Aguirre Taborga, uno de los diez visionarios que en 1931 fundaron la Cooperativa Control Pisquero para ordenar la producción y proteger al pequeño agricultor.

«Nos llena de orgullo mantenernos por casi cien años metidos en el negocio. Mi bisabuelo materno, mi bisabuelo paterno… todos estaban en esto. Somos proveedores de fruta y esa es nuestra esencia», relata con una emoción que no oculta su cargo como actual secretario del directorio de la Cooperativa.

Para Cortés, la vendimia es una «enigma» anual cargada de adrenalina: No sabemos cuántos kilos hay, ni los precios muchas veces hasta el final, ni cómo vendrá el clima«, explica. Pero el motor que lo mueve es la responsabilidad con sus pares. La cooperativa hoy cuenta con cerca de 450 socios, muchos de ellos pequeños productores que entregan apenas dos mil o tres mil kilos con un esfuerzo sobrehumano. Eduardo levanta la voz por ellos: «Producir un kilo de uva vale cerca de 100 pesos, pero para el más pequeño, que mete su propio trabajo y sudor, el costo es mucho mayor. Por eso es vital fijar precios justos cada año».

La uva que Eduardo cosecha en estas hectáreas tiene un destino noble: ser la materia prima del pisco Gran Nobel Mistral, uno de los estandartes de la Compañía Pisquera de Chile. Es el resultado de un trabajo que rinde tributo a sus padres, Luis Eduardo Cortés e Inés Caroca, quienes sacaron adelante a seis hijos profesionales desde un hogar que en sus inicios no conocía la luz eléctrica ni el agua potable, pero donde sobraba la disciplina y el amor por el valle.

Al ser consultado sobre el futuro, la respuesta de Eduardo es tajante: «La idea es seguir. No se nos ha pasado por la cabeza hacer otra cosa. Queremos que las generaciones que vienen sigan en este negocio para que esto siga creciendo».

Para la familia Cortés Caroca, el pisco no es solo un producto en una botella, es como él mismo cita: «Una huella que conduce al futuro», un patrimonio vivo que se defiende en cada racimo cortado bajo el cielo del  valle del Elqui.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba